Desde pequeño, nunca fui un gran aficionado a la lectura. Mi primera experiencia con los libros fue en el colegio, cuando nos obligaban a leer en clase y a hacer resúmenes como tarea en casa. En aquella época, mis lecturas estaban más enfocadas a historias dirigidas al público infantil, como Los Futbolísimos, que, aunque entretenidas, leía más por obligación que por gusto.
Al llegar a la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), empecé a acercarme más a la lectura literaria gracias a la asignatura de Literatura. A partir de ese momento, mi relación con los libros comenzó a cambiar, ya que no solo leía por cumplir con las tareas escolares, sino que empecé a interesarme por otros géneros. Además, debido a mi afición por el deporte, también buscaba libros relacionados con el ámbito deportivo.
Durante el Bachillerato, mi interés por la literatura creció aún más.Fue en este periodo cuando me di cuenta de que las novelas literarias no solo contaban historias, sino que también ayudaban a desarrollar un pensamiento más crítico, lo que me motivó a seguir explorando distintos autores y estilos.
Al llegar a la universidad, mis intereses lectores evolucionaron nuevamente. Comencé a desarrollar un gusto especial por los libros de carácter político, ya que me permitían comprender mejor la sociedad y el mundo en el que vivimos. Además, descubrí la ciencia ficción como un género fascinante que, a través de sus relatos, no solo entretiene, sino que también invita a reflexionar sobre el futuro y los dilemas filosóficos y tecnológicos.
Para mí, la lectura no es solo una herramienta útil en el ámbito académico, sino una actividad esencial para el desarrollo personal. No solo mejora la capacidad lectora y escrita, sino que también fomenta el pensamiento crítico, la empatía y la creatividad.
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